4 de agosto viví uno de los días más emotivos desde que tengo el privilegio de servir como Gobernador del Distrito 4140 de Rotary International.
En el Poliforum León fui testigo de algo que difícilmente puede describirse con palabras: la entrega de sillas PCI a 260 campeones, niñas y niños que hoy reciben mucho más que un apoyo para su movilidad. Reciben la oportunidad de vivir con mayor dignidad, independencia, comodidad y esperanza.
Fue profundamente conmovedor ver el extraordinario trabajo que realizan nuestros amigos de Hope Haven West, junto con los socios de los Clubes Rotarios Irapuato Villas y León Bajío, quienes, acompañados por sus cónyuges, damas rotarianas y decenas de voluntarios, entregan su tiempo, su talento y, sobre todo, su corazón para transformar vidas.
Tuve además el honor de saludar a Lonny Davis, fundador y director de Hope Haven West.
Su visión ha cambiado la vida de miles de personas alrededor del mundo. Durante más de 25 años ha dedicado su vida a llevar movilidad, dignidad y esperanza a quienes más lo necesitan. Su liderazgo demuestra que una sola persona puede inspirar un movimiento capaz de transformar miles de historias.
Mi reconocimiento también para “Acceso al Mundo México” y “Enchúlame la Silla”, instituciones que, con gran profesionalismo y sensibilidad, realizan la adaptación personalizada de cada silla, porque entienden que cada niño es único y merece una solución diseñada especialmente para él.
Quiero expresar mi más profundo agradecimiento y reconocimiento a los rotarios Carlos Calderón y Álvaro Tomatani, Coordinadores de Hope Haven West México; y a Alejandro Morfín, Coordinador General del proyecto León 2026, así como a todas las personas que han hecho posible esta maravillosa obra de amor y servicio.
Este programa de amor y por amor se está consolidando cada vez más en ciudades donde existe un Club Rotario. Estamos trabajando con pasión y entusiasmo para llegar a cada Campeón y su familia, quienes ahora vez una luz de esperanza en el horizonte.
Hoy confirmé, una vez más, que Rotary cambia vidas. Porque detrás de cada silla no hay únicamente aluminio, ruedas y tornillos; hay solidaridad, generosidad, trabajo en equipo y un inmenso deseo de construir un mundo más incluyente.
Ver la sonrisa de un niño cuando descubre que podrá sentarse mejor, desplazarse con mayor libertad o mirar a sus padres a los ojos desde una nueva perspectiva, nos recuerda por qué vale la pena servir.
Servir es transformar vidas. Servir es devolver esperanza. Servir es demostrar que, cuando unimos nuestros corazones, los milagros suceden todos los días.